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La soja y Henry Ford

La colega Dolores Bulit me hizo llegar un dato que encontró en un libro: tan extraño y anecdótico, como de sorprendente actualidad para el debate que se da por estos días en nuestro país. En “Obesos y famélicos”, del experto en economía alimentaria Raj Patel, se topó con una interesante referencia a los experimentos que Henry Ford hizo con la soja.

“La vinculación entre el mundo de los grandes negocios y la soja viene de antiguo. Apenas una década después de que fuese comercializado como un cultivo para alimentar a los animales, un grupo de industriales comenzó a soñar usos nuevos e inusuales para el poroto milagroso. Entre ellos estaba Henry Ford. Como afirmó un ingeniero de la empresa: ‘El señor Ford deseaba unir la granja y la fábrica para convertir los productos agrícolas en productos Ford. En aquel tiempo predijo que llegaría el día en que los automóviles crecerían en las granjas. Se dio cuenta de que la soja era un cultivo extraordinario.

“El romance de Ford con la soja no tuvo un final feliz. Si bien era posible construir el chasis de un coche con soja, éste debía ser pintado con una acre laca orgánica, por cuyo hedor estar sentado dentro era como estar esperando en una morgue. Sin embargo, para el año 1935 se utilizaban 27 kilos de soja en la fabricación de cada automóvil Ford”.

¿Y dónde se aplicaban esos 27 kilos? Le pregunté sobre esto al mayor estudioso argentino de la vida de Henry Ford: el profesor Aroldo Scabuzzo.

“Ford utilizó el poroto de soja para las pinturas, el aceite de los amortiguadores y como carga sólida en los volantes y pulsadores de bocina de sus autos”, señaló Scabuzzo. “Entre 1932 y 1935, Ford invirtió 1,4 millones de dólares para investigar más de 250 variedades de soja en su granja de Dearborn, vecina a la fábrica de autos. Desde hace mucho tiempo Henry Ford nos marcó el rumbo a seguir. Por estas cosas es que me dedico a estudiar su vida”.

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