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Lanzamiento: Mercedes-Benz Clase M Facelift

¿QUÉ ES?: Una leve actualización del todo terreno alemán, que en nuestro país convivirá por algún tiempo con la versión anterior. Cambiaron los paragolpes, la parrilla y las ópticas. Por dentro, hay un volante de nuevo diseño y materiales de mejor calidad.
MECÁNICA: No hay novedades. Siguen las cuatro motorizaciones de siempre: V6 naftera de 3.5 litros y 272 caballos, V8 naftera de 5.5 litros y 388 caballos, V6 diesel 3.0 litros y 224 caballos y V8 AMG de 6.2 litros y 510 caballos. Tracción integral permanente 4Matic y caja secuencial de 7 marchas en todas las versiones.
LO MÁS: Sigue siendo la referente de su segmento y la ML 63 AMG, una dura rival que la Porsche Cayenne todavía no logró digerir.
LO MENOS: Que Mercedes-Benz se sume a la tendencia de algunas marcas generalistas de hacer convivir en el mercado un mismo modelo de dos generaciones diferentes. Lo curioso es que la diferencia de precio entre una generación y otra no supera los mil dólares, ni siquiera en las versiones más caras.
EL DETALLE: El fabricante asegura que el consumo promedio de los motores se logró reducir “hasta en 0,6 litros a los 100 kilómetros”.
PRECIO: Desde 98.500 hasta 120.900 dólares. La ML 63 AMG está en una liga aparte, con un precio de 177.900 dólares.
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Crash tests: EuroNCAP será aún más exigente

EuroNCAP, el órgano de seguridad vial de la Federación Internacional del Automóvil, anunció que a partir del 2009 los estándares de medición para las pruebas de choque serán aún más exigentes y pondrán el foco en la protección a los peatones.

El anuncio se realizó en coincidencia con la difusión de una serie de nuevos crash tests, que otorgaron cinco estrellas –la máxima puntuación vigente en protección a ocupantes- al Hyundai i30 (foto), Daihatsu Cuore, Lancia Delta, Renault Koleos y Mercedes Clase ML. Sin embargo, ninguno superó las dos estrellas en protección a peatones.

Por este motivo, a partir del año que viene la protección a peatones ganará mayor preponderancia al momento de otorgar estrellas. También se brindará un mayor valor a las ayudas electrónicas que incrementan la seguridad activa, como el control electrónico de estabilidad. La velocidad de impacto en los choques frontales seguirá siendo de 64 km/h.

En la Argentina no existe ningún organismo independiente que realice pruebas de choque con este nivel de rigurosidad. El Cesvi hace los impactos a 15 km/h y su objetivo primordial es evaluar el costo de reparación de las unidades.

Los resultados de EuroNCAP sólo son válidos en nuestro país para los vehículos importados. Los autos producidos en el Mercosur, a igualdad de modelos, suelen contar con menos equipamiento tanto para la seguridad pasiva (cantidad de airbags) como activa (ayuda electrónicas para la conducción).

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Una tarde AMG en el autódromo porteño

Daimler Argentina se tomó muy en serio el lanzamiento de la división AMG en nuestro país: ya llevan una semana entera de eventos sociales, de prensa y pruebas de manejo para mostrar una gama de productos tan exclusiva –los directivos de la estrella estarán conformes si venden 100 unidades al año- como importante a la hora de construir la imagen de la marca.

Después de la fiesta privada que se hizo el jueves a la noche en el subsuelo de La Rural, esta tarde me volví a meter en el mundo AMG durante una prueba de manejo en el autódromo de Buenos Aires. Buena parte de los boxes –a buena distancia del lounge de Audi- se convirtió en un salón refinado con cortinados negros, un intenso servicio de comidas y bebidas que trabajó desde las 9 de la mañana hasta bien entrada la noche y un callejón bajo techo iluminado con neones que recordaba a la pista de despegue de una nave nodriza: desde ahí salían los autos a la pista con ritmo incesante.

Había un CLS 63 AMG en exhibición y cuatro unidades para probar: dos C 63 AMG, un ML 63 AMG 4Matic y un SLK 55 AMG. La lista de espera era tan larga que sólo pude manejar dos: un ML y un C.

Crítica: ML 63 AMG 4Matic

Con 4,8 metros de largo, 2,3 toneladas de peso, 10 caballos más de potencia que un Porsche Cayenne Turbo y parado sobre llantas de 20 pulgadas, la SUV más colosal de Mercedes-Benz es una bestia que impone respeto.

Al sentarse en el puesto de conducción, en cambio, hay tres detalles anacrónicos que generan cierta ternura: la palanca de cambios al volante, el freno de estacionamiento a pedal y un tablero con tres relojes, de los cuales el más grande es… un reloj de agujas que sólo marca la hora, el simple paso del tiempo.

Y lo cierto es que el tiempo se acelera al salir de boxes: en cinco segundos y antes de salir a la pista ya voy a más de 100 km/h. No dejo de acelerar hasta llegar a 200 km/h, apenas 180 metros antes de encarar la primera curva del circuito número cinco. Los 510 caballos de potencia de este motor V8 aspirado suenan en el ML como en ningún otro AMG: se acerca al espectador con el sonido ronco de un terremoto y al pasar deja la estela musical que le robó a un viejo avión de combate de la Segunda Guerra Mundial. Es una música que no se siente con los oídos, sino con las tripas.

Por sus enormes neumáticos de 295/40 es un juguete que digiere todo tipo de malos tratos. Los pianitos se aplastan sin clemencia y nada malo ocurre si las curvas se enderezan un poco pisando el pasto. La suspensión Airmatic es un colchón mágico que devora todos los obstáculos con facilidad y se endurece como una roca en las curvas más cerradas. La caja secuencial 7G-Tronic hace tan bien su trabajo que pronto me olvido de las paletas ubicadas detrás del volante y me concentro en la avalancha de curvas que se me viene encima.

Los frenos de alta performance AMG son ventilados y tienen el tamaño exacto de una grande de muzzarella. Los cuatro están ventilados, pero el uso intensivo se hace sentir de manera espectacular: al volver a boxes, una pequeña pero densa columna de humo se escurre de las dos llantas de aleación delanteras. El humo tiene un olor seco, pero con buen bouquet. AMG debería vender sahumerios con esta fragancia.

Crítica: C 63 AMG

El año pasado, cuando manejé el nuevo C 350 Avantgarde quedé impresionado por la suavidad y el equilibrio de la nueva Clase C. Es, sin dudas, el mejor sedán mediano premium de esta nueva generación. Por eso la intriga era importante: ¿qué tan especial debería ser el AMG para justificar la diferencia en precio?

Por fuera, las diferencias no son muchas: un capot con dos suaves nervaduras, una suspensión más rebajadas, llantas de 18 pulgadas y cuatro salidas de escape. Nada estridente ni ostentoso, como sí lo fueron algunos de sus antecesores (¿alguien recuerda el alerón de andamio del 190 Evolution II?).

Por supuesto, las diferencias más gruesas no están a la vista. El mismo block V8 del ML desarrolla en este caso 457 caballos de potencia para imponerse con autoridad como el más poderoso de su clase (son 37 CV más que en el BMW M3 y en el Audi RS4).

Pero, como ocurre con todos los nuevos Clase C, los caballos parecen ser de peluche. No es que sean inofensivos –todo lo contrario-, sino que sencillamente afloran con toda suavidad y normalidad para lanzarte a 100 km/h en 4,5 segundos que acelerar a fondo nunca resulta una tarea intimidatoria, aunque sí vertiginosa. Se alcanza el final de la recta del autódromo a 210 km/h y en nuestro país se comercializa con un benévolo limitador de velocidad que elevó la máxima hasta 285 km/h.

La dirección es tan suave como veloz y precisa. El control de estabilidad tiene una función ESP Sport que permite la dosis justa de derrapes como para dibujar una sonrisa zonza en la cara del conductor. La suspensión tiene un andar mucho más suave que en el M3, pero es igual de eficiente en las curvas más lentas. En los tramos veloces, al pisar los pianitos, se dejan sentir las inercias algo bruscas de un auto que pesa 1.730 kilos, aunque en ningún momento esto representa una preocupación. Si el motor armado y firmado por un operario es el corazón de todo AMG, la dirección paramétrica (una asistencia variable con articulación poco flexible, invento alemán) el cerebro y las riendas del C 63 AMG para domar a tantos caballos.

Si a todo esto le sumamos que por fuera sigue siendo un sedán mediano de cuatro puertas –cosa que el M3 aún no ofrece en la Argentina-, nos encontramos ante uno de los autos más equilibrados, veloces y versátiles que están hoy a la venta en nuestro país. Tanta perfección tiene un precio y en este caso está bien claro: 129.900 dólares.

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Las topadoras alemanas de Greenpeace Argentina

Greenpeace Argentina denunció que la exportación de biodiesel producido con soja contamina más de lo imaginado y, además, fomenta la destrucción de los bosques nativos para ampliar el área de siembra. Para caracterizar la protesta con su estilo tradicional, la organización ecologista llevó a la puerta de la Secretaría de Agricultura de la Nación una Mercedes Clase M y una Porsche Cayenne.

Con banderitas alemanas (la mayor parte del biodiesel argentino se exporta a ese país), rodeadas de árboles talados y con un aparatoso accesorio en la trompa, las dos camionetas fueron convertidas en las topadoras más veloces y confortables del mundo.

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