
Desde que se separó de
Mercedes-Benz Argentina en enero,
Chrysler Argentina basó su estrategia de posicionamiento en masajear el músculo más sensible del automovilista local: el bolsillo. Nuestro mercado se mueve por el precio, así como en otros países pesan más el diseño, el confort, la ecología o la seguridad. El precio (y la rentabilidad de las automotrices) es el único motivo que justifica la existencia de algunos exotismos como el
Dacia Logan vendido como
Renault y del
Peugeot 206 vendido como
207.
La misma Chrysler navegará esas aguas el año que viene cuando lance el
Nissan Tiida rebautizado
Trazo C. El caso de la
Dodge Journey debe ser analizado desde el mismo punto de vista, pero esta vez en un tono positivo para el usuario.
La Journey es el más claro ejemplo de que la industria automotriz mundial –y la argentina en particular- atraviesa por una crisis. Dicen que las crisis son oportunidades y la nueva Dodge plantea una muy interesante: un vehículo familiar de 4,88 metros de largo, con espacio para hasta siete pasajeros, que no se publicita con falsas expectativas de todo terreno y que ofrece un excelente equipamiento para su precio.
Con el dólar al cambio de hoy (3,40 pesos), las versiones oscilan entre 102 mil y 117 mil pesos. Es más barata que la
Chevrolet Captiva (si asumimos que la Journey es una SUV, aunque con tracción delantera) y más económica que una
Volkswagen Sharan o que una
Ford S-Max (si pensamos que es un auto familiar). Está en el mismo nivel de precio de las versiones con tracción simple de las
Honda CR-V y
Toyota Rav4, aunque ofrece espacio para dos pasajeros extra o un baúl inmenso. Es difícil encontrarle un rival a su medida y precio.
Por fuera, queda claro que se trata de un auto americano. En Dodge aseguran que la Journey fue diseñada para el gusto europeo, pero no hay dudas de que esa parrilla cromada, el gran spoiler delantero y los guardabarros ensanchados encajan mejor en el estacionamiento de un
McDonald’s que en el de un festival de cine francés.
Pero la gran sorpresa de la Journey viene por adentro. Es inmensa, tiene buenos materiales de fabricación y está llena de soluciones ingeniosas para aprovechar el espacio. La calidad de terminación es incluso superior a la que exhibe la más costosa
Jeep Cherokee y no es difícil comprender por qué: la Journey se produce en México, mientras que la Cherokee se ensambla en Estados Unidos, y hoy la calidad de fabricación mexicana es la mejor de todo el continente.
Entre la guantera refrigerada, los pisos con doble fondo para usar como hieleras en la segunda fila de asiento y los cinco apoyavasos diseminados por todas partes, la Journey cuenta con espacio para llevar hasta 19 latas de bebida. Algún día un psicólogo tendrá que analizar la sedienta obsesión de los norteamericanos por tener un trago siempre a mano mientras conducen.
El equipamiento es otro punto destacable. En materia de seguridad viene de serie con seis airbags, frenos ABS, control de estabilidad, control de tracción, control de presión de neumáticos, control de serpenteo de remolque y mitigación electrónica del balanceo para disminuir el típico rolido de las camionetas yankis. En opción, también está la cámara posterior que transmite imágenes a la pantalla del tablero cuando se conecta la marcha atrás.
En materia de entretenimiento, la oferta también es única para su precio: pantalla color de ocho pulgadas con DVD, Bluetooth, cuatro enchufes de 12 voltios, iluminación interior por leds y hasta una linterna recargable.
La breve prueba de manejo consistió en un trazado de casi cinco kilómetros por la Costanera Norte de Buenos Aires. Probé la versión tope de gama:
Journey R/T, con el motor V6 2.7 de 190 caballos. A pesar de la potencia, las dos toneladas y media de peso se aprecian en los lentos tiempos de reacción. La caja secuencial de 6 velocidades es –una vez más- muy superior a lo que ofrece la más costosa Cherokee. El andar es muy suave, la insonorización es perfecta y viene de serie con butaca del conductor de regulación eléctrica, por lo que encontrar la mejor posición de manejo es algo muy sencillo.
¿Acaso la Journey es un vehículo perfecto? Lo sería, si viviéramos en otro mundo. La notable relación precio/producto es un delicado equilibrio que podría descalabrarse en cuestión de horas, si el peso argentino se sigue devaluando. Tampoco hay que olvidar que la Journey es un producto de Chrysler, la más inestable e imprevisible de las automotrices norteamericanas, que por estos días se encuentra en plenas negociaciones para encontrar un nuevo dueño.
Si Chrysler llega a un acuerdo con Renault-Nissan, es probable que la Journey continúe en producción. Si, en cambio, es adquirida por
General Motors, corre el riesgo de caer en un recorte de productos para evitar canibalizaciones entre las dos marcas. Para que esto suceda, antes el Gobierno de Estados Unidos deberá aprobar un préstamo multimillonario para que GM compre Chrysler. Y esa es una decisión que deberá tomar el nuevo presidente norteamericano que se votará mañana.
Así es: en tiempos de crisis hay oportunidades, pero para saber aprovecharlas hay que saber de autos, marketing, micro-macroeconomía y también algo de política internacional.